GRACIAS A ESTA GENTE QUE SUMA SENTIRES Y REFLECTA SUS BUENAS ENERGÍAS EN "COMO UNA LUNA EN EL AGUA"

diciembre 19, 2009

MEMORIAL A LA LLUVIA

Autora: GRISELDA ESPIRO




Agua de lluvia, vienes. Remolineas,

juguete del aire
esta noche de diciembre.


Bajas
con percusión de gata sobre los techos,


me cabes


en la mejilla de mirarte cielo,
descompuesto, rosa, violeta,
gris de grises viejos,
parsimonia del Adviento.


Tic tac de un reloj de sinsabores,
corre
un tiempo de hologramas.


Lluvia, no me dejes
y gasta de mi cuenta,
guarnecida de amor, los dones.


Profiere así la huella del abrazo,
moja mi siembra,
reintégrame
de la caída, que amortiguas
con silencios (sin corsé)


para embeberme


hasta parir la esperanza


cuando pequeña en los rezos
depongo resistencias
y espero,
esta vez,


sea Navidad.


20-12-2009

agosto 27, 2009

¿AGENDAMOS UN TIEMPO PARA SER FELICES?


Administrar tiempo es administrar vida. Componer nuestra cotidianeidad debería ser una tarea mejor pensada, procurada en un equilibrio sano, con espacio para los recreos y sobre todo, el afecto.

Armamos rascacielos de tareas con el afán de “aprovechar” cada día. Vamos arduos y afectados tras la producción de bienes en pro de un estándar de vida para nosotros y los nuestros. Y llegamos al final del día, haciendo la cuenta de las horas que nos quedan para descansar hasta el otro día. Y cada oportunidad nos parece irrepetible, entonces, arremetemos contra las matemáticas, sobrestimamos los márgenes y proliferamos compromisos que luego nos agobian, incluso llegamos a padecerlos y así, recurrimos a contener el exceso: posponemos o dejamos de ser y de hacer. Nos conminamos urgentes y atravesamos las horas en un conteo que descansa para no terminar del todo.

Tengo que hacer ésto y aquello, y después lo otro, y se me vence el pago del impuesto y vendrán los albañiles, y los chicos y el colegio de los chicos y mi suegra que necesita las pastillas y hay que desparasitar el perro y la casa necesita una limpieza y el auto necesita un service y el gerente me pidió un informe y yaaaaaaaaaa!” Y adónde quedó nuestro momento, ese que nos da una tregua y nos recuerda la vida y cuál causa nos lleva tan lejos sin detenernos, para cumplir acabadamente menos con lo que refiere a nuestra esfera íntima.

Alguna falla nos juega en contra cuando agendamos nuestro día si nos faltó el dulce momento de la recarga, el instante de paz, el placer de darnos gusto, el mimo, la gracia de cierta compañía, el divertimento… No vale descartar el momento de ser felices y aludo a esas felicidades pequeñitas que nos ejercitan en el disfrute sin culpa, tan necesario y saludable emocional y físicamente. Un fármaco no reemplaza la alegría de vivir, tampoco el sosiego que genera equilibrarnos ni la satisfacción sin culpa… La vida puede que sea una ensalada enriquecida con variedad de colores, sabores y también aderezos, pero cada uno en su justa medida.

Amarnos, querer estar bien, continuar sin agobio requiere vida, momentos de vida, de dejarnos estar y mirar el cielo, de besar sin prisa, de alojarnos en un abrazo tierno, de escuchar esa música que nos cambia el ánimo, de compartir la risa… de jugar y recrear el bálsamo de la ternura, la conquista de una mano extendida.

Seamos capaces de agendar un tiempo para ser felices. Decidamos sobre nosotros y permitamos que este día brille con un sol precioso dentro de nuestro pecho. Inventemos un reloj modificable, hagamos un resorte permisivo en medio del ajetreo, maniobremos el salto y por fin, ¡vivamos!

Griselda Espiro

agosto 08, 2009

EXHORTACIÓN A PENÉLOPE

Penélope,
con su bolso de piel marrón
y sus zapatos de tacón
y su vestido de domingo.
Penélope
se sienta en un banco en el andén
y espera que llegue el primer tren
meneando el abanico.

Dicen en el pueblo
que un caminante paró
su reloj
una tarde de primavera.
"Adiós amor mío
no me llores, volveré
antes que
de los sauces caigan las hojas.
Piensa en mí
volveré a por ti..."

Pobre infeliz
se paró tu reloj infantil
una tarde plomiza de abril
cuando se fue tu amante.
Se marchitó
en tu huerto hasta la última flor.
No hay un sauce en la calle Mayor
para Penélope.

Penélope,
tristes a fuerza de esperar,
sus ojos, parecen brillar
si un tren silba a lo lejos.
Penélope
uno tras otro los ve pasar,
mira sus caras, les oye hablar,
para ella son muñecos.

Dicen en el pueblo
que el caminante volvió.
La encontró
en su banco de pino verde.
La llamó: "Penélope
mi amante fiel, mi paz,
deja ya
de tejer sueños en tu mente,
mírame,
soy tu amor, regresé".

Le sonrió
con los ojos llenitos de ayer,
no era así su cara ni su piel.
"Tú no eres quien yo espero".
Y se quedó
con el bolso de piel marrón
y sus zapatitos de tacón
sentada en la estación.
Letra de la canción "PENÉLOPE" de Joan Manuel Serrat



Cambia tu patético vestido de domingo
y olvida esas fotos que guardas
en el bolso de piel marrón.

Líbrate de tus zapatos de tacón,
deja que pasen el primer, el segundo
y el último tren…

¡Corre y amárrate a la vida!
Arroja el abanico y siente el viento en tu cara,
haz que un sol resplandezca
de inconmensurable mañana.

Que si tu amante se fue
no esperes se marchite en tu huerto
hasta la última flor,
no te conviertas en pobre infeliz,
ofrécete la oportunidad
y despega del tedioso banco de pino verde.

¡Existes más allá de lo que sientes!
y el desamor se cura con vida…
No estropees tu presente
no te suspendas,
refuerza tu sonrisa
y que los ojos te brillen
a pesar de que un tren
no silbe a lo lejos.

Que la espera se come los sueños,
abnegada Penélope,
que ignoras el correr del tiempo
y la vida es tiempo.
Que si él llega…
acaso golpee la puerta
y que los otros que ves
no son muñecos,
que no les escuches hablar,
que hables tú con ellos,
que disientas y consientas,
que te involucres con tu entorno
y no seas la estática ruptura que invalida
sino el devenir que pulsa y que recrea.

¡Ay, Amiga Penélope,
qué bien te sienta esa seda natural
con un escote que profana
y esas gafas y ese color de pelo,
derrochas vitalidad,
que tú no vas en tren,
que a ti te lleva un avión
y de seguro harás escala
distante, suelta, recuperada
del tedioso banco de pino verde!


Autora: Griselda Espiro


08-08-2009

julio 05, 2009

ESA PALABRA FUI


Autora: Griselda Espiro

Fui la niña que robaba flores de los balcones,
disculpándose con una sonrisa,
adorable mademoiselle,
manera y plasticidad de las maneras,
antojo caprichoso de tomar la vida a cualquier precio
(sin pagar).

Fui madrugada perenne que presenció patética
la agonía del sol que amanece,
y me comí la algidez del ocaso
y trasunté sobre mis manos los horizontes de hielo.

Fui el aprieto de pensar lo que sentía, muriendo por no sentir,
la causa vacía con creces,
la espera sin nombre. El amor vacante.
El dije que no dije, el yo tampoco fui.

Fui la polvareda que arrastra lo que no se tiene que ver,
la simiente que especula con el suelo más fértil,
el cansancio de aprender
que los cielos no descienden.

Fui silencio y por ello,
el grito me cocinó las entrañas y así,
no reniego de haber sido, humana tan humana,
y si amor fuera sólo una palabra
entonces,
esa palabra fui.

05-07-2009

junio 27, 2009

CASI SOLA



Autora: Griselda Espiro




A tres pasos caminaba la soledad,


la invité a pasar y le dije:


no me escoltes, relévame.



Giró desconcertada


apostándoseme en los ojos,


no quiso ser mientras yo no era


aunque atisbó la tristeza.



¿Por qué no te quedas


si casi estoy sola?



Miró con ironía


me espetó que no sienta.



Tienes razón, me dijo,


estás casi sola.



27-06-2009


junio 25, 2009

PRÓRROGA

Autora: Griselda Espiro


Horas idas,


horas que se irán...


desde un calendario quieto


que vacila desapegos


con escaramuzas de satén.


Un dejar


los besos en espera


y una cuenta que


agrede y agrega


amor


para mañana.



30-04-2004

junio 19, 2009

SENTIR



Autora: Griselda Espiro



Renacer cada mañana


cual si bebiera eterna copa.


Elevarme azul y viento,


sentir fluir vivir.



Emancipar sin lides las horas


usurpándoles un minuto perfecto.


Sospecharte mío en un hálito nuevo,


sentir reír seducir.



Secar mis lágrimas grises


con tu pañuelo sin manchas.


Sosegar mi espíritu inquieto,


sentir sufrir asumir.



Allanar caoba la mirada,


fundir tu sombra con mi ego.


Sedienta de paz, orillar el olvido,


sentir morir huir.



Asirme a un vasto y propio silencio,


descorrer albores, salvar a Eros...


Besos, manos y alas,


sentir sentir sentir.

07/05/2002

junio 14, 2009

ROMPECABEZAS



Autora: Griselda Espiro



¡Cómo me encuentro?


Cómo junto mis partes de antes con mi cisma de ahora.


Cómo revierto mis sures y mis nortes,


mis laberintos, mis puertas abiertas, mis soledades viejas y nuevas…


¡Cuánto tiempo?


Cuánta nada me queda por los caminos que no sé.




Febrero 2009

junio 03, 2009

BARLOVENTO



Autora: Griselda Espiro




No repares en mí.



Desquicia la brújula, abre la noche, juega,


vacílame el aire con la amenaza del beso,


róbate mi carta mar adentro,


sucede sin vistas ni amaine,


endílgame el flagelo,


ama


pero no seas.




16-09-2005

mayo 27, 2009

RAQUE DEL TIEMPO DE AZAHARES


Autora: Griselda Espiro






I


Hubo lumbre que dejó

manchas de humo sobre la pared.

Cinceles que grabaron los nombres

en las gruesas maderas de las puertas cerradas,

álguienes que voltearon las llaves, vacilantes, sin faz

en los cajones estoicos del no volverte a ver.

Hendijas en los nudos (de las palabras)

que me astillaron de adiós.





II


Amor escribías.



III

Y aquel destino vuelve, aventajado de nada,

empuja las puertas y no precisa las llaves.

Y cae. En un ahora despoblado y perdido,

y se abre paso, y jala de los muros, precipitoso,

sin latidos. Y duele, otra vez,

cadente, dulce y ceniza,

como la página de tu poema.




IV

Las letras me absorben. Un frío me sacude,

me atiranta, y luego,

un aroma enervante relaja mis labios.

En el cuello me acaricia

una sarta de cuentas de coral

mientras, el vidrio sucio del retrato

chirría

donde el peso de mi dedo.




V

Puedo verte,

puedo verme,

tras las sombras,

amor, tangible, amor.

Y aunque ya no importe,

sospecho quién secó los naranjos

cuando aún era tiempo de azahares.



04-03-06

mayo 13, 2009

Pleamar



Autora: Griselda Espiro




Y no sabe de alquimias la pena


con que se paga una dicha


y la piel no posee razones


porque no existe más prisa


que la de sentir.



Y en ese afán loco y hermoso


se rompe de cielos la envoltura


y queda expuesta la identidad más oculta


y el mundo se cae


con su perfume y su marea.



Y se busca la salida en la frontera con el otro,


y entonces,


se dibuja el abrazo,


se acometen paraísos en saltos que no advierten


la impiedad del vacío.



Y se ama, se ama,


ciegamente se ama,


y el mundo se cae


con su perfume y su marea.



18-4-2009

mayo 07, 2009

La esquela



¿Palabras dichas o dichas sin palabras?

Canción del alma sorda que por sorda canta.

Lupe Barquiza



Una palabra no escrita surca

el vacío del papel. Ella la inventa,

la pinta de amarillo y la vuelca

(arena tibia sobre sus pechos).


No importa si es aurora y recién

fue noche para la noche. Ella se abraza

al olor clandestino que impregnó su almohada.

¿Cuál tiempo no es una trampa?

Él no dijo amor, pero escribió:

hasta mañana.

Autora: Griselda Espiro

23-04-2005



mayo 03, 2009

Moratto



Autora: Griselda Espiro



Flores de ensueño en el ojal del viento. Remembranzas. La locura tiene sabores extraños y convida a los que no pudieron, que hicieron carne del amor.


Él se olvidó de este mundo que seguía andando. Lo deambuló, manso. Se dejó durar. La pena y la obsesión enquistadas le abrieron un abismo en el pecho. El paisaje lo incorporó con su estampa borrosa en las calles. Tenía silencios en los bolsillos rotos del saco gris y expiró varias veces como los gatos.


La barba le escondía alguna que otra mueca cuando diafanizaba el humo del cigarrillo que armaba. Las lágrimas solían despegarle las pestañas y le remontaban los párpados hasta unas cejas pinchudas y entrecanas. Un cacho de intemperie le anidaba en los surcos de la piel. Labios pequeños, de aspecto deshidratado, orejas alargadas, melena corta, un par de huecos en el rictus. La mirada noble y buceadora… Moratto.


Le pesaban las piernas enfermas de várices, úlceras y otras plagas. Una circulación pésima. El vientre hinchado por la cirrosis, con un aliento de alcohol y tabaco, fermento de bodegón.


Caballero gentil, conversaba las fábulas. Con modales finos y frazadas de papel. Era un pan de Dios, Moratto, y más de un vecino intentó rescatarlo pero la bohemia se lo llevó al carajo y le firmó las auroras de soledad.


Un camino de poesías te abriga en las veredas de mi memoria, y un viejo jazz me suena con lo ronco de tu voz. Te evoco y me duele el amor, Moratto. Decían que amaste hasta el extremo, que por ella dejaste una vida de señorito educado, que tu familia portaba linaje, que fuiste procurador, que llevabas libros contables de administraciones bien remuneradas y, me consta, dominabas el inglés.


Corazón de crisantemo y escarchas en pedo. Dormías entre los muertos en algún banco de mármol. Tenías las madrugadas incrustadas en los huesos pero el escabio ayudaba a calentarte el triperío. Dandi sin espejo. Hasta delirabas con comer y repartías para todos.

A dónde te fuiste, Moratto. Con el paso lleno de cansancio de vivir, con los pantalones manchados de tierra y pis. Te escuchaba en la ventana del kiosco, me saludabas con tu sonrisa pastosa entre marrón y amarilla. Decías cosas tan lindas.


Prestidigitador de los espacios exteriores, te seguíamos el juego, Croto querido. Te quedaste duro en el cementerio. Tu ánima se elevó a los cielos y vaya a saber si la muerte te liberó del estigma. Te recuerdo, Moratto, y me viene una congoja a la garganta.

La locura tiene sabores extraños y convida a los enamorados irredentos, a los poetas, a los tristes y a los puros como vos.


Septiembre 2008

abril 28, 2009

Craquelé




Autora: Griselda Espiro




Arbitrio solapado


es agonía del mientras.



Solemne muerte chiquita


la del día que se fue,


cinta imparable


que corre los rostros



y devela la marca



y otorga la ventaja de haber sido



y pergeña el orificio de nacer para el instante.




01-05-2007



abril 26, 2009

Habida cuenta...


"La cicatriz no es más que la trinchera
desde donde responderé a quien me llame"
Lupe Barquiza
Si de asomarme por las hendijas comprobé que había cielo,

y respiré

y pude

y puedo sobrevolarte, y puedo

sobrevolarme,

exenta de las maneras

sin la aviesa pena de lo que perdí

sin el presupuesto inútil de lo que perdería,




qué más da:

inocente, culpable o desidiosa,

no me cabe el regreso

y te contemplo

como quien mira en el propio espejo

el paso necesario

entre sentirse y ser.

Autora: Griselda Espiro

07/08/2008



abril 22, 2009



INÉDITO



Autora: Griselda Espiro



Ni la hiedra del vecino ocupándome la ventana. Ni el cielorraso desprendido por los extremos en la casona de Doña Cándida. Tampoco el perro barbilla de enfrente, especie de Mandrake abrepuertas, corsario de las gomas de los autos, enemigo íntimo de las llantas.


Ni se diga, Doña Mary y sus dolencias físicas. El chiste veloz del carnicero, que descuida la balanza. Las papas negras y barrosas que vende Pedro, la cacerola humeante de las doce. El vino tinto en la copa de Luis, la servilleta de tela blanca y el pan recién horneado de la abuela. El sol que me inundó de vida esta mañana, la azalea rosada que no para de florecer. El viento sur que me sosiega. El mate amargo, el desorden de mis zapatos.


Nada de eso será noticia ni hoy ni mañana.


Ni mi mamá diciéndome: “abrigate que hace frío”. Ni el beso de mi sobrino Milton, ni el pelo suave de mi gata…

El camino de vuelta, el paraguas, los libros, el cenicero en desuso, la foto con el cigarrillo apagado de Cortázar. Mis fantasías, mis lágrimas zonzas, la puerta abierta del placard. Mi perfume de Coty. Mis uñas casi largas.


Nada de eso será noticia, sin embargo, la vida me atraviesa en cada pequeña hazaña. Y no renuncio al abrazo sentido, a la charla, al son de una guitarra, al asado del domingo, a los niños en las plazas, a las miradas a los ojos, a las palmas extendidas, a la primera gota de lluvia, al olor a tierra mojada.


No me coarta que los caminos no figuren en los mapas. Amo los atajos escondidos, el vértigo de las hamacas, el roce de la arena en los pies, el agua salada. El pasto fresco. La muñeca que dejé abandonada, el poema que no terminé.


Nada de eso será noticia ni hoy ni mañana… pero en los subtítulos de mi almohada tipografié retoños que serán siete veces primavera. Copié los cantos de los pájaros con negrilla time new roman y dibujé castillos con puentes levadizos y escalinatas de roca lapislázuli.


Ni las arañas que tejen encajes de plata, ni los cisnes que danzan en el lago de las rosas de nácar… Nada publicarán mañana. Mejor, así nadie advierte que no quema el fuego verde del Dragón.

02-10-2008

abril 21, 2009

Necesariamente



“En mi mirada lo he perdido todo.


Es tan lejos pedir. Tan cerca saber que no hay.”


Alejandra Pizarnik




Saudades de mujer


que se anima y sortea


su esquizofrenia de gataflora


y niega y confiesa y pega


diez evidencias entre cien condenas.




Un globo terráqueo le gira encima


aunque ningún giro consigue


retornarla.




Tiene fuelles de culpas


soplándole la oreja, entonces


obedece y vuelve,


pero ningún mandato le restaura


los sones y los soles, y puede


que no se encuentre,


porque no está.




Mira la burbuja donde se recrea


y le solventa inquietudes la carencia


de haber perdido


trayecto en los trayectos


(necesariamente).



Autora: Griselda Espiro


28-11-05

abril 18, 2009

Herida de nacer


“la vida puede ser un vendaval
que sacude mis sueños y tus duendes
pero
la vida tiene obligación de muerte”

Mario Benedetti



Cuántas vidas en esta vida,
con la herida de nacer bosquejada en la garganta.
Maneras que orientaron el tallo hacia la flor.

Postas atrás, la mirada.

Espuma de permanencia y trago que no se bebió.

Cuántos cielos en este cielo de abrazos y migajas.

Alguien pasó por aquí,
alguien no tiene tiempo,
ahora.


Autora: Griselda Espiro
14-03-2007

abril 15, 2009


Alas ligeras a la muerte

(para que se vaya)



Autora: Griselda Espiro


Una quietud de horas en duermevela le empastaba la boca y le imponía ronqueras azules en la garganta roja. Veía desde lo alto una calle, ruidosa, tragimágica, como de cera derretida y fuego, cinta movediza con asteriscos y líneas de colores que se desplazaban echando claridades, tal vez, sobre algún rostro, algún ceño fruncido, algunas palideces de nube sin agua.

Drásticamente, abjuró el vicio con el último cigarrillo, estrujó el paquete vacío y caminó sobre la senda gastada de los otros, al tiempo que filtraba, entre sus piernas adormecidas, el viento gris del pasillo gris. Sospechaba infiernos en cada sonido, la herían los maullidos y las caídas estrepitosas de los gatos sin dueño, los cuchicheos, el envión de los ascensores, los gemidos, la tapa de una olla, las ruedas del carro y el tubo de oxígeno que vibraban sobre andamios de urgencia o ese runrún de las palomas en las cornisas; y sus pichones, desprevenidos del alba, anidando en los huecos de los muros, esos muros que gritaban sin vos ni asombro, así las palomas no se marchaban.

Ella sabía, los miedos apretujados en el vientre. Los dedos exiguos de señalar razones. Pero no resignaba la esperanza, y oía, silenciosa. Cadente y silenciosa. Sola entre familiares soledades, las sentencias de los vigías inermes.

¿Quién pudiera modificarle el peso a la vida cuando se cae, y ponerle alas, alas ligeras a la muerte? A la muerte sí, para que se vaya.

Blanca de no querer pasar por lo que pasaba, tenía tanto cielo sin rezar en las estampitas de su cartera. Todavía le quedaban, las caras de los ángeles, mirándola, por las hendijas de las puertas cerradas.

¿Cuál hambre? ¿Cuál sed? ¿Cuál cansancio anestesia el dolor de una despedida?

Bajó la escalera donde los pisos húmedos y ni siquiera marcó sus pisadas. Salió hacia la calle que parecía lejana. La sobrevolaron las palomas. Los muros le gritaban, apiñándole los hombros con un ábaco de recuerdos. ¿Quién se llevó las palabras?
Era otoño incipiente. Amanecía noche un día de marzo.


23-02-2006

abril 13, 2009

Primapiedra




Autora: Griselda Espiro



Quién se autoproclama juez
y resuelve casto
(perdón, oh verdugo)
cuando sabe que alguna vez
cerró la puerta
y al volver no estaban
ni el pálpito ni el púlpito ni Dios.

Quién no desoye los lamentos
y luego gime
con su clavo y su madero
hasta la próxima resurrección.

Quién dice no soy como aquél
para después ni ser.

09/09/2005

Tres fases

Autora: Griselda Espiro

Fase 1

Delicia en la mirada.
Palabras de arena
y el beso
besándome.


Fase 2

Un sol a pleno
el deseo
en un tuve tiempo sin tiempo
y edad sin edad.


Fase 3

La visa del sueño
y más allá de la ceguera
en la playa sola del después
el amor muriéndose.


01-07-2005

abril 10, 2009

Flashes



Compañía
La mujer se miró al espejo y vio la soledad
acariciándole la espalda.


Desatino
No era serio aquel hombre, se robó una flor y me dijo te quiero.


Indiferencia
La hojarasca le abrazaba los pies, otoño en celo. Aún así,
fue primavera.

Autora: Griselda Espiro

22-12-07

abril 08, 2009

Esquina de medianoche






Autora: Griselda Espiro




El perro ángel que ignora, por costumbre, al auto que pasó.
La común ausencia, en dominó con una fatiga que también se fue.



¿Quién dice soledad sin primero sentirse solo?

Alguien se golpea la boca, y el grito
reverbera con dibujos de escalas
que trepan los canteros de la plaza.
Almas y destellos de almas,
rosas,
bajo un rocío
que purifica pasto y aire, poniéndole aureolas
a las luces amarillas que parecen blancas. Un rocío
ajeno
a los recovecos de las palomas
y a los recintos de las sombras (de esas,
las muy sombras,
que pergeñan ardides, para que una vez más,
sobre el sendero de baldosas rojas,
un hombre y una mujer
se mientan eternidad).

La quietud me incorpora

hasta respirar
los vértices fríos,
me busco en derredor,
indago los espacios

y resuelvo con una zozobra pagana.
Soy presencia que no impide
el remolino de las hojas,

me recrea en paralelas la noche,
sin mirar que miro
las agujas del reloj.

¿Quién dice soledad sin primero sentirse solo?

13-05-06

abril 07, 2009




Égloga del ángel



Autora: Griselda Espiro



El cartel vial, que indicaba curva y contracurva, rozaba con algún yuyo matrero, improvisado violín del viento. El sol, hostia de fuego, se guardaba lento para que no doliera la noche, y los pájaros como en un sagrario, aquietaban sus alas en un rezo. Cuánto espacio tenían las horas, y qué lejano se veía el camino. Apenas podía divisar al paisano, bolsa en hombro que silbaba un chamamé. -Adiós -me decía, y yo le sonreía, con la mirada esfumándoseme en la polvareda. El cielo descendía con cada estrella que cobraba intensidad, y el olor del aire me paría de nuevo.

Cada tanto en el sosiego algún vehículo mordía terrones hasta el eco de la ruta, pero al instante, se recomponía ese silencio vivo que me permitía suceder descalza sobre el rocío, piesitos trigueños de siesta estival. Vivir era tan simple como tomar agua de pozo fresquita y hacer el recuento de los gansos y los patos que formaban fila detrás del paraisal, o como las marimonias y las margaritas hechas ramilletes para la imagen de la Virgen, o como la rodaja de pan casero tibio que acompañaba el mate a la hora de la novela.

Tras la hoja abierta de la ventana, me despertaban el apetito los aromas de la cocina.
-¡Vamos, adentro! -me decía la Abuela, con firmeza para que obedeciera, pero yo seguía jugando, aprendiz de poeta, sabiéndome amada, volando... sin imaginar el chistido de la lechuza, mientras el vaivén de mi sillón en la vereda vieja de ladrillos, le ponía diapasón a la serenata de grillos, y por allá enfrente, sobre una lomada, dos luciérnagas acometían un faro, con la intermitencia misma de la niñez hecha canto.

29-09-2005

abril 05, 2009

Mensaje



Autora: Griselda Espiro


Dile a la que fui,
que me habita todavía
donde la corte celeste de su risa
y el eslabón verdiazul de su tristeza.
Dile que juega en mi gesto con el desenfado de un sol,
que no aprendí a ser
sin ella,
que no me juzgue si la negué,
y comprenda,
fue cabal estrategia.
Dile que le guardo los brillos,
le atesoro la música,
le relevo los poemas cursis y la envuelvo
con olor a tabaco rico y el ruido
que hacen al estrujarlos, los paquetes vacíos de los cigarrillos.
Dile que la espero en el banco recién pintado de una plaza
con el vaticinio del rezo y la fábula de un romance nuevo,
con las cuentas de nácar por series de diez
y el después de una promesa.
Dile que no estaba tan equivocada
pero que por favor...
no insista con lo de la otra mejilla.


21-10-2006

abril 03, 2009

Completud




Autora: Griselda Espiro


Sucederé no cabe un punto y aparte
aparte de ayeres no tendría presentes
presentes que fluyan futuros rosas
rosas que perfumen con o sin heridas de espinas
espinas que me capaciten para seguir naciendo
naciendo desde los fragmentos cortos largos huecos
huecos de no pude y hoy puedo menos
menos lazos y más certezas
certezas de cuáles distancias son cercanía
cercanía que no duela pero resista
resista montañas que van a Mahoma o ardores de la otra mejilla
mejilla acotada mejilla encallecida o mejilla de acero
acero como yelmo que salve que impida
que impida otro golpe otra lanza otra soledad
soledad pudiera desamor no
no cabe un punto y aparte
aparte de mí
mi vida

11-01-07


Fuera de Abril


Autora: Griselda Espiro


Caminó hasta el bar, posó el gesto en la pantalla de video clips. Intermitente como las carteleras, le pidió fuego al pibe del ciber. Miraba y miraba el suelo sosteniendo el peso que cargaba en el pecho, cuando instintivamente pidió pista aventando la última lumbre de su cigarrillo. Se abrochó la campera. Guardó los puños cerrados en los bolsillos, y el quid y el desatino juntos, puestos a ser, en un bollito de papel. Cruzó la avenida -desprevenido- a escasa distancia del atropello con unos locos carnavalescos en un tuning volador. Viró la cabeza y siguió, con los ojos vítreos en la niebla del enésimo cigarrillo. Y al espejear de su figura sobre un escaparate, se vio. Solo. Era el prestidigitador de las sombras, hilvanando gemidos y silencios sobre la faz del no tengo.

La noche era Nadie. Nadie, apoderándose de las almas rotas. Nadie, desbaratando las luces verdes, rojas, azules, naranjas, violetas de la fuente de los deseos. Nadie, vaciando los ecos junto al crujir de cien hojas amarillas. Nadie, con barajas de luna nueva y un reloj, que cortaba los aires con temblores de gong.

Iván debía llegar a casa. Dormir para ir despierto al trabajo y que no lo sancionaran. A casa. Con el perro Floyd y la gata Marí. Escucharía radio, accedería a la red, y por ahí, tal vez con el chat, alguien le diría mieles. Un intento más para evitar esa búsqueda inconsciente de Abril, en derredor de Nadie. Abril, que se llevó el sosiego y hoy, tampoco llamó. Y no llamará, ni mañana ni pasado. Iván lo sabe pero no encuentra sitio para lo que siente, y le duele. Le arde, le pica ese límite confuso entre un pasado temprano y un presente tardío.

El hielo flácido de su aliento lo determinó a tomar un taxi, y después de una curva laaarga entre pensamientos estériles y diálogos monosilábicos con el chofer, llegó. Fuera de Abril, la casa era Nadie. Como la noche, el pibe del ciber, los locos del tuning, las luces de la fuente, el gong del reloj. Preparó un café mientras Marí saltaba de su letargo a la silla más próxima. Una, dos, tres cucharadas de azúcar y por fin, ese ruido de hogar con la cucharita revolviendo dentro de la taza, y ese remolino, oscuro pero dulce, y un aroma, un calor. Y Marí, sobre la falda estrechando su manita que engancha la trama del pulóver, y un ir... acostumbrándose para que la casa, la noche, la vida fuera de Abril, no sean Nadie, a pesar de haber perdido aquella otra identidad, la de hombre feliz.

28/05/2005

Pasajeros



Autora: Griselda Espiro


I

Posó la risa leve, la palabra leve y la mirada leve
como un pájaro que revoloteaba cielos de incienso.

Dejó correr la dádiva. Sostuvo la copa.

(No intentó más que el viento dentro del viento.)

II

Tener un hombro cerca equivale a veces
a querer cerrar los ojos y esconder
margaritas en los bolsillos de nadie.


III

Con la secuencia lógica de las cosas lógicas,
abordará otros barcos
hasta fugar el deseo a puertos extraños

y no encallará

y no sufrirá averías

(tampoco morirá de amor
tras oír el canto de la sirena).

29-09-2007

abril 01, 2009

Venecia sin ti




Autora: Griselda Espiro



“Ante mi soledad
en el atardecer
tu lejano recuerdo me viene a buscar.”

Charles Aznavour


Fijaré la máscara
y no sospecharás mis infiernos,
carnaval de azules y platas, medusas y sarcófagos,
la góndola me lleva
con los ojos detrás de la mirada.

Muero en el ondear de mi falda
y destello vida (de mentira) con mi capa carmesí.
Venecia me sangra
y una maga blanca predice Amor.




29-12-07



marzo 29, 2009


SESIÓN ABIERTA
CON UN SEMÁFORO


Autora: Griselda Espiro


La claridad del cielo es sólo el recuerdo del día que se va. Vislumbro tempranas algunas estrellas destinadas al exilio por las luces de neón. Mis parpados guiñan en silencio las historias de regreso entre marquesinas, plaza y café.

Sigo aquí, tan patético como el reloj de la Casa de Gobierno o el pobre indio que danza para nadie en la rotonda más preciada. Ojo ambivalente que husmea ventanas y escaparates, me cuelo en las ventanillas de los autos y descreo de esas motos kamikases que usurpan los márgenes y juegan ruleta rusa.

Me conmueve el estoicismo del canillita de la esquina y me duele la incertidumbre del cartonero con su pequeño ayudante de pelito chuzo y ojitos de porqué.

Arco iris tricolor. Especie de mástil, director de orquesta entre caños de escape, bocinas y paraísos electrónicos que parodian el big bang, resisto urbanidad.

Testigo cíclico. Árbitro inexorable. Frontera de las almas súbditas a relojes con objetivos postmodernos… Como la de aquel hombre de saco oscuro que enciende un cigarrillo y desciende con el gesto para dejar su ángel a cubierto debajo de alguna baldosa. O la abuela quinielera, que logra imponer su bastón a pesar del ciclista que hace mountain bike en el cordón de la vereda.

Aquel adolescente de jeans gastados, ese de pelo negro, sale del ciber, no sabe bien para qué fue todavía pero dentro de un rato vuelve, mientras, refugiará su miedo de vivir debajo de un flequillo extraño y un sacón seudo gótico.

Ese malabarista esquizofrénico me tiene harto, despliega pelotas con absoluta anarquía, mezcla de David Copperfield con el Chavo del Ocho. Y el promotor del boliche... no me inspira confianza, es medio cargoso y suele distraerse con el escote de la señora del Megane azul, que dicho sea de paso, acaba de estacionar en doble fila.

Quiero a ese perro entre marrón y sucio que ahora opta por cruzar la esquina. Ese perro tiene sabiduría y me respeta más que cualquiera. Un bebé llora. Otro chico pide ir a Mc Donalds. La rubia de rojo se desencuentra con alguien y camina a paso ligero por San Martín y Laprida, frunce el seño, abre su bolso, saca el teléfono y esparce conjuros vía mensajes de texto.

Semáforo loco. Perenne emulador de árbol. Asterisco de un cielo bajo. Misionero irredento de la madrugada, los espero… y amanezco incauto, niño, como el eje de sus promesas mentirosas, como el regulador de sus apuros. El dueño. El que les da paso.




05-09-08

marzo 28, 2009



Cenicienta Now


Autora: Griselda Espiro



Vestida de fiesta
perdió la sandalia de cristal
cuando aún brillaba tenue
su sonrisa bijou.

Sola en la casa,
-¡hombres! –exclamó-
mientras colgaba con histeria indecorosa
sobre la percha rota de la magia
una foto, un anillo,
el lado frío de la cama,
una llave, un portazo
y deshilachado,
un perdón.

09-10-2004

marzo 27, 2009

Dispersión






Autora: Griselda Espiro

La miró porque necesitaba mirarla. Deslizó el aire del aliento con una mueca tímida, y siguió mirándola, en un permanecer sin deseo.
Ella volteó, insignificante, sin altas ni bajas: viva.
Él se acomodó en el gesto, y sopesó los indicios que no tenía con la luz de ese momento.
Ella le sonrió con la sonrisa libre, transfigurando la mirada en caricia y un raro aura, en promesa. No había distancia más corta que la de permanecer en él (en un permanecer sin deseo).

Dolientes del tránsito, fenecían las estrellas a trasluz de ventanillas empañadas, cuando las luces increcendo daban cuenta inexorable de la siguiente estación.
La mujer se levantó del asiento y volteó, significante, con altas y bajas, negada a la pequeña muerte.
Hacia él, el mundo. Hacia él, la respiración corta, el latido de galope, la sangre y la deliciosa quietud de un permanecer con deseo.
No tenía registro de lo que lo que le pasaba, pero quería que le pase. Tenía las prisas que anhelaba desobedecer, los mapas que le trazaron, y la euforia (vaticinada de lágrima).
No podía sucederle esta noche tan bella, al tiempo de la llegada.

Las luces terribles asediaban la penumbra íntima. Descenderá muy pronto. Descenderá. Y abajo, en el andén de cada día, sabe, los sueños callan.
El tren aminora la marcha, mientras los ojos más profundos le abren la tierra donde cada pisada. Ella opone la espalda, se sujeta. Compone una expresión anónima, sin faz, y resuelve no girar ¿para qué?
Él guardará el reflejo y los perfumes, tendrá tornasoles en su paleta de mañanas. A ella le quedarán los prismas de esos ojos cristalinos en un permanecer sin deseo.

El tren se detiene. Ella recibe un viento que le desenrosca la bufanda, saca la otra mano del bolsillo, se incorpora. Solivia el bolso, estruja el boleto, inclina la cabeza, y se eriza, cuando al cuello le suben como filo tres palabras: no te vayas.


20-06-06

marzo 21, 2009

Virtual




“Como en la infancia,
fuimos felices por error.”
Laura Wittner


Quién prioriza la llanura
en la sinuosidad de lo aparente.
A quién le importa que no sea luz propia
la ambivalencia del reflejo.

¿Cuánto tendrá de dibujado el amor
para que sea?

31-03-2007

Autora: Griselda Espiro

marzo 14, 2009

Pistas




Autora: Griselda Espiro


Hurgué los espacios que me dejaron, y acepté.
Al borde, cristal y piedra,
ausencia fui.

Cerré salidas y demoré destinos.
No supe potabilizar maneras ni esconderme.
Mentí las fórmulas para no suceder.

Aprendí a ser pequeña
y a nacer sin culpa
entre placebos convincentes y expectativas dudosas.

Yo, armadura oxidada
pero con las ranuras necesarias
para espiar los molinos de viento.

Con el relevo de los cargos y las herencias,
la conquista de querer a los demás, queriéndome,
la ventura renovada y el olor a fresco,
la pasión en los ojos y en el cuerpo,
el periplo de vivir,
o de morir hacia el intento.

26-05-2007

marzo 09, 2009

EL PORQUÉ DEL NOMBRE DE ESTE BLOG


Comparto con ustedes el Capítulo 7 de la Obra "RAYUELA" de Julio Cortázar.
Hete aquí, de su última oración, que tomo el nombre para este blog.

(Nota: Les confieso que desde que lo leí, fue inevitable que me enamorara de Julio Cortázar, ¡lo amo! jajaja. Disfrútenlo, ¡vaya manera de describir un beso!)


Capítulo 7 - RAYUELA

Julio Cortázar

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

marzo 06, 2009


Antología del Cielo



Autora: Griselda Espiro


Deseo

Una onda visceral expande
las imágenes del somos. Me recrea,
de afuera hacia dentro. Te abrazo,
y veo el abrazo como un movimiento autónomo.
No deseo conducirte ni que me conduzcas, deseo.
(Desde mi levedad,
ser leve.)



Posición

Hay un cielo aventajándome
y yo, cómoda, sujeta a mis amarras mansas.
Hay un cielo abrazándome,
y yo, práctica, echando raíces para no volar.
Hay un cielo dentro de mí,
y yo, pobre...
afuera de mí.


Alas

Alas son los brazos que abrazan
y las manos que obran el amor,
los ojos que miran con bien a pesar de la lágrima,
y las bocas que se lavan antes de hablar.



I

Que no pase de mí la vida
sin el relámpago de sus ojos
abriéndome cielos.


II

Que no pase de mí el silencio
de encontrarme para suceder.


III

Manos colmadas de horas vividas.
Silencios para escuchar otreidades.
Amor.
Vicisitud del viajero y ¿calma de hogar?
Debe haber algo de paz
al costado del camino.



Alma

Pluma de seda es el alma,
vuela si no se moja de lágrimas.

Bisagra de nácar,
y no se quiebra si abre la puerta para ir a jugar.

Escalinata de espejos
al irradiar una sonrisa.

Saeta de arcoiris
que pinta violetas y rosas cuando ama.

Mórame, alma.


Anhelo

Bajo la escuadra, mirar
(en un concierto de sediciosas libertades:
alas arriba, alas abajo, pico adelante)
sobre mullidas panzas blancas,
las patitas plegadas
de las aves que viajan al sur.


IV

Levar anclas y emerger hasta el cielo
para no morir
aferrada a un podría.





Paraná, Entre Ríos, Argentina, octubre de 2006-